Jonathan Delacroix es un joven fotógrafo de retratos que nació en París hace 28 años.
Trabajó en lugares como New York, París, Nepal, Bahamas y Estocolmo. Aprendió con los grandes fotógrafos de la publicidad y de la moda de la mayor parte de Europa Occidental y Oriental
Su vida transcurre entre las grandes ciudades y los lugares más alejados del mundo, entre la bulliciosa modernidad y la tranquilidad de los espacios naturales, entre la palabra y el silencio.
Por eso ahora eligió Santa Ana, un lugar secreto en el este de Jujuy. Allí convivió durante meses con hombres, mujeres y niños que habitan en las montañas y luego los retrató. Porque esa es la manera de trabajar de Delacroix, su trabajo es su forma de vida. Pasa meses en las casas de las personas que fotografía y aprende a conocerlos sin palabras, solo con sonrisas y gestos. El también se deja conocer y, cuando entabla un vínculo profundo con el otro, se produce el encuentro a través de la toma.
Entonces vemos a sus protagonistas enaltecidos, con el orgullo de ser quienes son, dueños de su entorno. La intensidad y el contraste de los colores, y una especial luz, resaltan la belleza de los rasgos, de la piel, y de la ropa de quienes Delacroix retrata. Las miradas son francas, misteriosas y risueñas. Todos los estados de ánimo están ahí, en estas imágenes que nos hipnotizan constantemente.
Por Mariana González Toledo.
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