La presentación de la E-3 en otoño de 2007 fue un auténtico acontecimiento para el mundo olimpista. El esperado relevo de la E-1 llegaba dispuesto a hacerse su hueco en el complicado mundo de la fotografía profesional, aupándose en la reputada fama de las ópticas Zuiko para el sistema Cuatro Tercios.

Han pasado tres años desde entonces y poco parece quedar de aquel ímpetu. La E-3 ha ido languideciendo a la espera de una sucesora que revalidara las intenciones profesionales del sistema, mientras Olympus ha centrado paralelamente sus esfuerzos en el desarrollo del nuevo estándar Micro Cuatro Tercios.
El resultado es una E-5 -saltándose el 4, número de la mala suerte en la cultura japonesa- que cumple al pie de la letra lo ya adelantado por este medio hace unos meses: un modelo continuista que pone al día la E-3 sumándole algunas prestaciones de las últimas Pen.
Quienes en su momento dieron por buena aquella información no se habrán sorprendido en absoluto. Los que esperaran un golpe de efecto en versión Cuatro Tercios es posible que no estén demasiados contentos con lo que plantea esta Olympus E-5, así como con el futuro que permite adivinar.
En cualquier caso, días antes de su presentación este medio ha tenido la oportunidad de acercarse a esta nueva SLR, para situarla junto a su predecesora y repasar al detalle la escueta lista de novedades.

Construcción imponente
Si hay algo sobre lo que la E-3 no admitía pegas es su construcción. El robusto cuerpo de aleación de magnesio ya demostró en su momento ser capaz de resistir sin ningún problema el agua y los golpes.
La E-5 hereda esta contundente estructura y su probada resistencia. Aunque inicialmente se hablaba de una versión más similar a la E-30 (algo que hubiera permitido abaratar costes y precio final, eso sí), parece que finalmente la compañía ha decidido repetir el molde.
Tampoco el reparto de los mandos ha variado, más allá de las exigencias impuestas por el monitor de mayor tamaño y por la aparición en las especificaciones de la cámara de la grabación de vídeo.
Así, esta SLR sigue apostando por un práctico LCD articulado, pero que amplía su tamaño de 2,5 a 3 pulgadas y, sobre todo, eleva la resolución hasta 920.000 píxeles. Dos cambios que se notan a la hora de trabajar con el Live View o comprobar la precisión del enfoque mediante la ampliación automática de una parte de la escena.
Acostumbrados a pantallas cada vez más finas, eso sí, resulta curioso encontrarse con un monitor protegido por una cubierta metálica bastante gruesa, encargada de mantener también en esta zona la resistencia del cuerpo de la cámara.

Del mismo modo, apreciamos un ligero cambio en el sistema de apertura de la zona de las tarjetas de memoria que, por cierto, da la bienvenida a las SD Card por primera vez en un DSLR de la firma. El mayor tamaño de la pantalla no ha dejado espacio para usar el mecanismo empleado en la E-3 y ahora se recurre al más típico y manual sistema de empujar la tapa ligeramente antes de abrirla.
Aunque a primera vista pueda parecer más endeble, nos hemos fijado bien en la tapa del compartimento y no se aprecian cambios en su parte interna ni en sus protecciones.
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Fuente: quesabesde.com
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