“Uno de los recuerdos más vívidos de mi infancia es estar parada junto a mi hermana, posando frente a la cámara Minolta de mi padre, esperando a ser cuidadosamente enmarcadas y expuestas en la película”. El padre de Priya Kambli era un fotógrafo aficionado, pero se tomaba seriamente la tarea de sacar fotografías. “Todos los miembros de la familia posábamos frente a la cámara aunque, a menudo, de mala gana. Nuestra resistencia se debía a su perfeccionismo. De niña, tenía la certeza de que ser fotografiada por mi padre era un castigo. Hoy, treinta y tantos años más tarde, no sólo soy fotógrafa sino que, en cierto sentido, sigo clavada enfrente de la cámara, sólo que ahora sin quejarme”.
Color Falls Down (Los colores se desvanecen) es el ensayo de una artista india que desarrolló su obra a partir de un juego visual entre las imágenes de la India y su presente en los Estados Unidos. La muestra se presentó en el Centro Cultural Recoleta en el marco de los Encuentros Abiertos-Festival de la Luz cuya temática es el fenómeno de las migraciones bajo el título Identidades en tránsito.

Migración, memoria, muerte y resurrección: “Hay una gran conexión y desconexión entre la fotografía y la memoria. Mientras que la memoria te puede fallar, las fotografías son aquellos artificios que perviven como pruebas. Además, las fotografías nos provocan una nostalgia visual que los recuerdos no pueden evocar”. El enigma de estas fotografías es que la llevan a una reminiscencia para, luego, repensar su presente.
La madre de Priya Kambli murió cuando ella tenía quince años y su padre, al poco tiempo. La fascinación que le provocan la atraviesa: “Los recuerdos que tengo de ellos son míticos. Aún los veo a través de los ojos de una niña que no puede comprender que sus padres no son gigantes sino simplemente personas de estatura ordinaria. A los dieciocho años, cuando emigré a los Estados Unidos, las fotografías de mi familia eran mi tesoro más preciado”. Llevaba, en una valija de nueve kilos, toda su vida.
La artista observa su identidad rajada a través de la lente: “Irme de la India a los Estados Unidos, en 1993, generó que no pueda pertenecer a ninguna de esas dos culturas. Y esta desconexión es algo que me define: tengo una identidad híbrida, soy una mezcla de dos culturas en una misma persona. La fotografía me ayuda a tender puentes entre esas culturas en pugna”. Las composiciones de Priya Kambli sumergen al espectador en una pausa. Inmediatamente, el que mira desea develar el verdadero significado de esa distancia.

En la muestra, las imágenes digitales reflejan la tensión inherente a esa naturaleza dual mediante la yuxtaposición de imágenes fragmentadas, instantáneas familiares y una imaginería cuidadosamente montada: “Mi proceso creativo es muy complejo, similar a ensamblar las piezas de un rompecabezas. Una única imagen digital está conformada por pequeñas secciones que terminan organizadas en una composición cuidadosamente balanceada. Cada sección interpela a las demás y expresa distintos aspectos de la narración”.
En Kirksville, Missouri vivió más tiempo que en cualquier otro lugar. Allí, conoció a su marido y tuvo a hijo Kavi, con quien comparte la lengua con la que creció hablando. Luego del nacimiento de su hijo, comenzó Los colores se desvanecen: “Fue la manera de unificar la familia con la que crecí con mi vida y la de Kavi”. La artista evoca las palabras del ensayo del libro Fotografías de mi hogar de Larry Sultan: “Estos son mis padres. Desde ese simple hecho, todo se sigue (…) La necesidad de mi proyecto y el significado de mi confusión es, en definitiva, el deseo de tomar a la fotografía literalmente. Detener el tiempo. Quiero que mis padres vivan eternamente”. Este deseo se encuentra presente en la obra de Kambli aunque no es estrictamente el mismo: “No trato de preservar el presente sino reinstalar el pasado para conectarlo con mi presente y mi futuro”.

Las fotografías de Kambli se parecen a un cuento que una madre susurra al oído: “Estas imágenes no sólo contienen antiguas instantáneas familiares sino que hacen referencia a historias y narraciones personales y, en ese sentido, podrían ser leídas como un diario íntimo”. Roland Barthes en La cámara lúcida explica qué es el punctum, o sea, aquellos detalles de una fotografía que tienen la fuerza para punzar al que la mira: “Es una especie de sutil más-allá-del-campo de lo que ella misma muestra”. Aquel “esto ha sido” o “lo intratable” resuena una y otra vez en la obra.
Cuando Barthes mira la fotografía del último hermano de Napoleón se asombra: “Veo los ojos que han visto al Emperador”. Esa presencia de la muerte y del paso del tiempo le dan un carácter romántico indudable a la obra. En Los colores se desvanecen lo indecible se vuelve representación de una forma sutil y nostálgica. A través de aquellas fotografías familiares, Priya Kambli indaga en su memoria: retorna al pasado para resignificar su presente y, acaso, su futuro y el de su hijo. Lo insinuó Barthes: “La fotografía tiene el poder de mirarme directamente a los ojos”.
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María Paz Crotto